De acuerdo con proyecciones recientes de la Asociación Chilena de Energías Renovables y Almacenamiento (ACERA), la mayor parte de la nueva capacidad que se incorporará en los próximos años estará asociada a energías limpias y sistemas de almacenamiento, consolidando un cambio estructural en la matriz energética nacional.
Las estimaciones indican que, entre 2026 y 2027, el país podría sumar cerca de 10 GW de nueva potencia instalada, impulsada principalmente por proyectos solares, eólicos y baterías. Este crecimiento permitiría que la capacidad total del sistema supere los 47 GW hacia fines del próximo año, reforzando el liderazgo de las energías renovables no convencionales en la generación eléctrica.
Durante 2025, Chile ya alcanzó una capacidad instalada cercana a los 38,6 GW. De ese total, cerca de la mitad provino de fuentes renovables no convencionales, mientras que la energía solar se mantuvo como la principal tecnología en operación, seguida por la eólica, que se consolidó como la segunda fuente con mayor participación, superando al gas natural. Este avance refleja una tendencia clara hacia fuentes más limpias y sostenibles, en desmedro de los combustibles fósiles.
Uno de los elementos clave en esta nueva etapa ha sido el desarrollo de sistemas de almacenamiento con baterías (BESS). Actualmente, Chile cuenta con múltiples proyectos de almacenamiento en operación, construcción y prueba, además de una cartera relevante en evaluación ambiental. Estas soluciones han comenzado a jugar un rol fundamental para dar mayor flexibilidad al sistema, enfrentar congestiones y acompañar la alta penetración de generación solar y eólica, especialmente en el norte del país.
No obstante, el proceso no está exento de desafíos. Durante el último año, los vertimientos de energía renovable aumentaron, alcanzando niveles que evidencian la necesidad de seguir fortaleciendo la infraestructura, la planificación y los mecanismos de operación del sistema eléctrico. Aun así, desde el sector se reconoce que, sin la incorporación de almacenamiento, estas pérdidas habrían sido significativamente mayores.
En paralelo, el mercado eléctrico chileno también comienza a integrar tecnologías renovables y de almacenamiento en los servicios complementarios, como el control de frecuencia. Si bien este avance es valorado, persiste el desafío de contar con marcos regulatorios que reconozcan adecuadamente el aporte de estas tecnologías a la seguridad y estabilidad del sistema.
El proceso de descarbonización también continúa su curso. En 2025 se concretó el retiro de nuevas unidades a carbón y se iniciaron procesos de reconversión, mientras que para los próximos años se espera la salida progresiva de más centrales, sujeta a las condiciones de seguridad del suministro.
En este escenario, Chile se posiciona frente a una transición energética que avanza de manera sostenida, donde la generación renovable y el almacenamiento no solo serán protagonistas del crecimiento futuro, sino también piezas clave para un sistema eléctrico más resiliente, eficiente y alineado con los objetivos de sostenibilidad del país.